Sé que era él.
Nunca amaré a nadie tanto.
Lo asumo.
Sé que normalmente es más tarde cuando conoces a tu alma gemela.
Qué mal. Ha pasado ahora a mis 25 años.
No tiene que ver con el sexo. No me importa el sexo. Eso no es lo principal. Lo importante es... despertarte con alguien. Compartir la cuchara. Eso es lo importante, la cuchara. Saber que si llega un mal tipo, hay alguien.
Eso es una metáfora. Nunca llegan tipos malos.
Despertarte con el viento, un vientre cálido, la persona a la que amas respirando en tu hombro. Eso es, la cuchara. Sí.
Dusty Elephant
9 de agosto de 2012
5 de febrero de 2012
Las mozas
Les ha gustado mi artículo sobre mi máquina calculadora de capacidad infinita. Éste podría ser el comienzo de una nueva generación de computadoras. Computadoras inteligentes.
Imaginemos dos interlocutores, un ser humano y una máquina, que no pueden verse el uno al otro. Si, tras mantener una conversación, el ser humano es incapaz de darse cuenta de que está hablando con una máquina, esa máquina se acercaría bastante a algo con inteligencia.
Hay matemáticos que me lo discuten, pero aún no han conseguido derrotar a mi máquina.
Todas las mañanas voy en bicicleta hasta Bletchley Park. Hay gente que me mira extrañada. Vecinos. Se deben preguntar qué hago allí, mientras sus hijos se preparan para lo peor.
En ese gran edificio al que voy cada mañana trabaja mucha gente. Me hacen sentir pequeño.
Además tengo a mi cargo a un cada vez mayor número de calculadoras, o “las mozas” como las llaman aquí, y cada vez que entro al cuarto en el que trabajo, despeinado y con la ropa arrugada por la bicicleta, me miran y guardan silencio. Me pone muy nervioso. Es como si creyeran que soy superior a ellas, pero mi trabajo no podría realizarse sin su ayuda. La vergüenza calienta mi cara e intento esconder la cabeza en el pecho, sin mucho éxito, hasta llegar a mi mesa.
A todo esto, se ha estrenado Blancanieves y los siete enanitos, de Disney. Estoy deseando ir a verla.
Todas las mañanas voy en bicicleta hasta Bletchley Park. Hay gente que me mira extrañada. Vecinos. Se deben preguntar qué hago allí, mientras sus hijos se preparan para lo peor.
En ese gran edificio al que voy cada mañana trabaja mucha gente. Me hacen sentir pequeño.
Además tengo a mi cargo a un cada vez mayor número de calculadoras, o “las mozas” como las llaman aquí, y cada vez que entro al cuarto en el que trabajo, despeinado y con la ropa arrugada por la bicicleta, me miran y guardan silencio. Me pone muy nervioso. Es como si creyeran que soy superior a ellas, pero mi trabajo no podría realizarse sin su ayuda. La vergüenza calienta mi cara e intento esconder la cabeza en el pecho, sin mucho éxito, hasta llegar a mi mesa.
A todo esto, se ha estrenado Blancanieves y los siete enanitos, de Disney. Estoy deseando ir a verla.
31 de enero de 2012
Bletchley Park
Llevo 4 años trabajando en el King's College, Universidad de Cambridge, y me acaban de informar de que quieren que forme parte de un grupo secreto de investigadores matemáticos, a servicio del estado. Al parecer puede que haya empezado una nueva guerra mundial. Algunos curiosos rumorean.
Este podría ser el trabajo que he estado esperando toda mi vida. Tendré la oportunidad de trabajar con personalidades matemáticas muy importantes, un sueldo envidiable y no tendría que luchar en el campo de batalla, en caso de que los rumores sean ciertos.
El trabajo en Bletchley Park parece un juego. Los alemanes cifran su mensaje con su máquina y nosotros tenemos que rompernos la cabeza para conseguir descifrarlo. Cada mensaje viene cifrado con una clave distinta, lo que nos hace pensar que tal vez utilicen máquinas Enigma. Estas máquinas constan de varios rotores(discos) conectados entre sí, cada uno con 26 contactos eléctricos (uno por cada letra del alfabeto). Obviamente los rotores utilizados por el ejército alemán poseen un cableado distinto al de los modelos comerciales.
Me han nombrado director de la sección Naval Enigma, que es como han nombrado a nuestro equipo. Estoy encantado de trabajar con gente tan inteligente, de la que aprendo cada día.
Este podría ser el trabajo que he estado esperando toda mi vida. Tendré la oportunidad de trabajar con personalidades matemáticas muy importantes, un sueldo envidiable y no tendría que luchar en el campo de batalla, en caso de que los rumores sean ciertos.
El trabajo en Bletchley Park parece un juego. Los alemanes cifran su mensaje con su máquina y nosotros tenemos que rompernos la cabeza para conseguir descifrarlo. Cada mensaje viene cifrado con una clave distinta, lo que nos hace pensar que tal vez utilicen máquinas Enigma. Estas máquinas constan de varios rotores(discos) conectados entre sí, cada uno con 26 contactos eléctricos (uno por cada letra del alfabeto). Obviamente los rotores utilizados por el ejército alemán poseen un cableado distinto al de los modelos comerciales.
Me han nombrado director de la sección Naval Enigma, que es como han nombrado a nuestro equipo. Estoy encantado de trabajar con gente tan inteligente, de la que aprendo cada día.
20 de enero de 2012
SOPA
Vivimos en un panóptico inmenso. Inconscientes de ello, unos pocos nos vigilan y deciden sobre nosotros. Un ser humano no debería llegar a tener más de cierto poder. Las palabras salen de nuestras bocas con diligencia, como agua a presión, pero nadie quiere aceptar la realidad. Nadie quiere siquiera pensar en la realidad. Se acepta la realidad como nos es contada, apenas sin digerir.
La información que se nos impone llega al cerebro casi sin masticar, atragantando nuestros pensamientos y envenenando nuestras mentes. Como en un velódromo en el que conducimos un triciclo, las palabras nos abaten, sin dar opción a segundas opiniones. Es la mecánica del juego. Unos hacen gárgaras con champán, otros procuran mejorar su técnica natatoria para sobrevivir a ese géiser dorado.
Hoy en día, tenemos dispositivos tecnológicos muy potentes y avances científicos importantes pero, tal vez, deberíamos replantearnos refrescar nuestros ideales, puede que estén obsoletos. Sacarle las telarañas a ese viejo blasón y pensar que no es algo tan rígido. Actualizarse y no intentar atrasar al resto. Esperemos que esto sea solo un lúgubre episodio de lo que pudo haber sido y no fue.
La información que se nos impone llega al cerebro casi sin masticar, atragantando nuestros pensamientos y envenenando nuestras mentes. Como en un velódromo en el que conducimos un triciclo, las palabras nos abaten, sin dar opción a segundas opiniones. Es la mecánica del juego. Unos hacen gárgaras con champán, otros procuran mejorar su técnica natatoria para sobrevivir a ese géiser dorado.
Hoy en día, tenemos dispositivos tecnológicos muy potentes y avances científicos importantes pero, tal vez, deberíamos replantearnos refrescar nuestros ideales, puede que estén obsoletos. Sacarle las telarañas a ese viejo blasón y pensar que no es algo tan rígido. Actualizarse y no intentar atrasar al resto. Esperemos que esto sea solo un lúgubre episodio de lo que pudo haber sido y no fue.
30 de diciembre de 2011
Ojeras
Estando a un paso de la muerte, sedada y sin posible cura según los médicos, lo único que le preocupa es despedirse de los suyos antes de emprender el viaje. Con total serenidad se despide uno por uno, afrontando lo inevitable, y con una última reprimenda echa a su hijo de la habitación, pues no lo piensa recordar llorando.
Escoge las ropas con las que quiere ser sepultada sin tristeza aparente en su rostro. Solicita ver a su hermano, que vive en otra ciudad, y con aplomo y determinación ordena a los presentes que no la dejen dormir hasta que éste llegue, por miedo a morir sin despedirse.
Siendo más valiente de lo que se puede imaginar, intenta buscar residencia para sus visitantes aún en las condiciones en las que se haya.
Mi padre me cuenta la situación de mi tía abuela en el viaje de camino a casa, después de toda la semana fuera. Entro en casa. Mi madre tiene ojeras, no ha dormido en toda la noche, ha estado con su tía en el hospital. La abrazo y avanzo hacia el salón. Dejo la maleta y voy hacia la cocina. Oigo un gemido. Me paralizo, es mi abuelo al otro lado de la puerta. Mi madre me mira. Entro con prudencia y lo veo cenando. Había sido mi imaginación.
Las personas más valientes a veces no son alpinistas, ni encantadores de serpientes, ni toreros, son simplemente madres, tías, abuelas, personas que pasan desapercibidas, pero que cuando llega el momento demuestran que son héroes sin darle importancia.
Escoge las ropas con las que quiere ser sepultada sin tristeza aparente en su rostro. Solicita ver a su hermano, que vive en otra ciudad, y con aplomo y determinación ordena a los presentes que no la dejen dormir hasta que éste llegue, por miedo a morir sin despedirse.
Siendo más valiente de lo que se puede imaginar, intenta buscar residencia para sus visitantes aún en las condiciones en las que se haya.
Mi padre me cuenta la situación de mi tía abuela en el viaje de camino a casa, después de toda la semana fuera. Entro en casa. Mi madre tiene ojeras, no ha dormido en toda la noche, ha estado con su tía en el hospital. La abrazo y avanzo hacia el salón. Dejo la maleta y voy hacia la cocina. Oigo un gemido. Me paralizo, es mi abuelo al otro lado de la puerta. Mi madre me mira. Entro con prudencia y lo veo cenando. Había sido mi imaginación.
Las personas más valientes a veces no son alpinistas, ni encantadores de serpientes, ni toreros, son simplemente madres, tías, abuelas, personas que pasan desapercibidas, pero que cuando llega el momento demuestran que son héroes sin darle importancia.
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