La información que se nos impone llega al cerebro casi sin masticar, atragantando nuestros pensamientos y envenenando nuestras mentes. Como en un velódromo en el que conducimos un triciclo, las palabras nos abaten, sin dar opción a segundas opiniones. Es la mecánica del juego. Unos hacen gárgaras con champán, otros procuran mejorar su técnica natatoria para sobrevivir a ese géiser dorado.
Hoy en día, tenemos dispositivos tecnológicos muy potentes y avances científicos importantes pero, tal vez, deberíamos replantearnos refrescar nuestros ideales, puede que estén obsoletos. Sacarle las telarañas a ese viejo blasón y pensar que no es algo tan rígido. Actualizarse y no intentar atrasar al resto. Esperemos que esto sea solo un lúgubre episodio de lo que pudo haber sido y no fue.
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