20 de enero de 2012

SOPA

Vivimos en un panóptico inmenso. Inconscientes de ello, unos pocos nos vigilan y deciden sobre nosotros. Un ser humano no debería llegar a tener más de cierto poder. Las palabras salen de nuestras bocas con diligencia, como agua a presión, pero nadie quiere aceptar la realidad. Nadie quiere siquiera pensar en la realidad. Se acepta la realidad como nos es contada, apenas sin digerir. 

La información que se nos impone llega al cerebro casi sin masticar, atragantando nuestros pensamientos y envenenando nuestras mentes. Como en un velódromo en el que conducimos un triciclo, las palabras nos abaten, sin dar opción a segundas opiniones. Es la mecánica del juego. Unos hacen gárgaras con champán, otros procuran mejorar su técnica natatoria para sobrevivir a ese géiser dorado.

Hoy en día, tenemos dispositivos tecnológicos muy potentes y avances científicos importantes pero, tal vez, deberíamos replantearnos refrescar nuestros ideales, puede que estén obsoletos. Sacarle las telarañas a ese viejo blasón y pensar que no es algo tan rígido. Actualizarse y no intentar atrasar al resto. Esperemos que esto sea solo un lúgubre episodio de lo que pudo haber sido y no fue.

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