- Esperaremos a que oscurezca -le dije-, recuerda vestirte con prendas oscuras.
El pequeño Timmy asintió con su pequeña cabeza polvorienta.
Al ocaso, me dirigí hacia el pozo que estaba cerca de la estatua del antiguo alcalde, el señor Mortimer Blame, un cretino; pues allí era donde me reuniría con mi leal compinche.
Vivimos en una ciudad pequeña, gobernada por una minoría que sólo busca el beneficio personal, donde los pobres son muy pobres y los ricos muy ricos. Se encuentra situada en una colina, con una torre en su parte más alta para vigilar de posibles intrusos, y con una calle principal empedrada que desciende la colina formando una espiral.
Distingo a mi socio a lo lejos, en la negrura de la noche, sentado en el pavimento. Suspira. Le aterrorizan estas cosas, pero no tiene otra opción. Yo se que si pudiera irse a vivir al campo, teniendo lo necesario para vivir, lo haría. Yo no, me gusta esta vida.
- Es la hora -le susurro mientras le toco el hombro-. Me mira con resignación y asiente. Sabe que busco lo mejor para los dos y obedece sin oponerse.
Caminamos sobre los adoquines hasta que vislumbramos nuestro objetivo, la casa del joyero. Aún estaban en casa, pero se disponían a salir.
Se celebraba una fiesta en la plaza del pueblo a la que acudía todo el mundo, se hacía una gran hoguera y se bailaba al son de los cantares populares.
Estábamos dispuestos bajo el alféizar de la ventana trasera, que daba a la cocina. Sólo queríamos hacernos con suministros para una o dos noches más, tal vez un bollo de pan y una ristra de chorizos, o un roscón y queso de vaca, cualquier cosa valía.
Guardaban las provisiones en un baúl de roble, que escondían bajo una mesita cubierta con una tela de ganchillo color crema.
Vimos salir al joven joyero y a su mujer, entonces nos dispusimos a entrar. Abrí la ventana y elevé a Timmy para que pudiese entrar. Es un chico hábil y de un salto se sitúa en el piso de de la cocina, cubierto de ceniza. Se queda mirando la puerta entreabierta que comunica la cocina con el resto de la casa y le chisto para que se de prisa. Se gira con desconcierto, observa la gran caja con la comida y se vuelve hacia la abertura. Corre inesperadamente hacia la puerta y me quedo solo bajo el rocío de la noche.
Pasados unos segundos, duraderos de más desde mi posición, vuelve corriendo hacia la ventana y de un impecable brinco se cuela por la ventana y aterriza encima de mí. Me percato de la causa de su asombro al ver que tenía en las manos un collar de diamantes, en el que debía estar trabajando el joyero, y que éste se dirigía hacia nosotros a toda velocidad. Me levanté del suelo, le agarré la mano a mi colega y corrí sin mirar atrás hasta que la ciudad se hizo un punto en la lejanía. Entonces, buscamos refugio entre los árboles húmedos y dije: “¿Por qué diantres has cogido el collar y no la comida? ¡Los diamantes no se comen!”
xDDDDDDDDD qué lujurioso Timmy... jum jum...
ResponderEliminaresta bien, no me esperaba algo asi cuando te di las palabras, pero me gusta :D si que parece un estracto de una historia mas larga... jajaja le estas cogiendo el tranquillo, muy bien :)!