30 de diciembre de 2011

Ojeras

Estando a un paso de la muerte, sedada y sin posible cura según los médicos, lo único que le preocupa es despedirse de los suyos antes de emprender el viaje. Con total serenidad se despide uno por uno, afrontando lo inevitable, y con una última reprimenda echa a su hijo de la habitación, pues no lo piensa recordar llorando.
Escoge las ropas con las que quiere ser sepultada sin tristeza aparente en su rostro. Solicita ver a su hermano, que vive en otra ciudad, y con aplomo y determinación ordena a los presentes que no la dejen dormir hasta que éste llegue, por miedo a morir sin despedirse.
Siendo más valiente de lo que se puede imaginar, intenta buscar residencia para sus visitantes aún en las condiciones en las que se haya.

Mi padre me cuenta la situación de mi tía abuela en el viaje de camino a casa, después de toda la semana fuera. Entro en casa. Mi madre tiene ojeras, no ha dormido en toda la noche, ha estado con su tía en el hospital. La abrazo y avanzo hacia el salón. Dejo la maleta y voy hacia la cocina. Oigo un gemido. Me paralizo, es mi abuelo al otro lado de la puerta. Mi madre me mira. Entro con prudencia y lo veo cenando. Había sido mi imaginación.

Las personas más valientes a veces no son alpinistas, ni encantadores de serpientes, ni toreros, son simplemente madres, tías, abuelas, personas que pasan desapercibidas, pero que cuando llega el momento demuestran que son héroes sin darle importancia.

1 comentario: