Me despertó la luz del alba, de una albura casi dañina, agitado y sudado. Había tenido un sueño extraño, algo que me pasaba a menudo en esos últimos días. Después de la muerte de mi padre, pasaba casi todo mi tiempo en mi habitación. Me asomaba a la ventana a contemplar el cerúleo cielo, indiferente a las circunstancias, luego me quedaba tirado en el suelo abrazando la almohada sin ser consciente del tiempo que pasaba y, cuando el sol se ocultaba, solía bajar a pasear alrededor de una laguna cerca de casa.
Una laguna no. No es solo una laguna. Es el lugar donde sucedió todo, el lugar que me transformó.
La laguna se extiende sobre un gran prado de pastos verdes, atrayendo a animales silvestres y multitud de mariposas. La gran cantidad de mariposas y árboles antiguos llama la atención de los turistas; por aquí vienen muchos coleccionistas de mariposas. Mi padre era uno de ellos, tenía una gran colección de mariposas enmarcadas y clasificadas por sus nombres en latín.
En uno de mis sueños, me encontré paseando alrededor de la laguna, como solía hacer a las noches, cuando todos dormían. La luna estaba espléndida, brillante como nunca antes la había visto, tiñendo la escena de un blanco fantasmal. El agua reverberante de la gran bañera comenzó a agitarse, los árboles que la rodeaban comenzaron a retorcerse y amustiarse y las mariposas se multiplicaban rápidamente, formando una gran nube de polillas blanquecinas alrededor del embalse.
En el centro del lago se alzaba una montaña de piedras cubiertas de musgo, por las que resbalaba el agua, formando pequeñas cascadas, relucientes por a la luz. Los árboles seguían encogiendo y languideciendo, convirtiéndose en portentosos girasoles, por los que zigzagueaban las polillas.
Ante este cuadro barrocamente siniestro, yo me encontraba asombrosamente tranquilo, cuando diviso, en la cima de la asombrosa pirámide rocosa, el cuerpo sin vida de mi padre siendo engullido sosegadamente por las viscosas aguas cristalinas. Como si de un empujón se tratase, salté precipitadamente al agua en busca del fiambre. Intentaba nadar con todas mis fuerzas pero el agua era extremadamente densa y me impedía avanzar. Entonces atisbo que las polillas que volaban esquivando los girasoles estaban ahora en el agua, exánimes a mi alrededor, dificultándome el avance. Cuanta más fuerza hacía más me atrapaba en los restos aguados de las difuntas polillas; apenas daba aguantado la cabeza a flote para respirar, tiraban de mí. Desesperadamente intenté volver a la orilla, pero algo me tenía agarrado. El cadáver de mi padre ya no se hallaba en la escultura, ahora semihundida, y estaba arrastrándome a las profundidades con él.
Ya sólo conseguía mantener la boca y la nariz fuera del agua, luchando contra la fuerza del finado. Había agotado mis fuerzas. Justo antes de que me hundiera para siempre, cogí un último sorbo de aire y me desperté, mojado por las polillas.
Están muy bien :DDD el primero me gusta mucho!
ResponderEliminarya sabía yo que iba a salir algo chulo, que tu escribes bien... ahora a practicar y practicar!
y ya de paso dejo caer cuatro palabras..
Caja, suspiro, susurro, collar
a ver si te sirven de algo (;
kiss